Reintegración social

En los países de la UE y Noruega se han adoptado medidas para hacer frente a la exclusión social de grupos con o sin problemas de drogodependencia y a las consecuencias del consumo de drogas y/o la drogodependencia.

Sobre la base de la Estrategia europea en materia de lucha contra la droga (2000–2004) (Consejo de la Unión Europea, 2000) y un estudio concreto sobre la reintegración social y Noruega (OEDT, 2003b), la reintegración social podría definirse como «cualquier esfuerzo de integración dirigido a los consumidores de drogas de la sociedad».

Las intervenciones encaminadas a la reintegración social van dirigidas a los consumidores problemáticos de drogas actuales y pasados, desde los antiguos drogodependientes «limpios» que funcionan correctamente y los pacientes de metadona de larga duración hasta los drogodependientes que sufren graves privaciones y viven en la calle. No se requiere necesariamente un componente terapéutico, ya sea médico o psicosocial. Esto implica igualmente que la reintegración social no se produce necesariamente después del tratamiento, sino que puede tener lugar independientemente del hecho de haber recibido tratamiento, pudiendo ser la fase final de un proceso de tratamiento o bien una intervención independiente y por separado después del tratamiento efectuada por servicios no relacionados con el tratamiento con sus propios objetivos y medios. Los servicios dedicados a la reintegración social no van dirigidos exclusivamente a los consumidores problemáticos de drogas ilegales, sino que pueden ir dirigidos a cualquier tipo de drogodependientes (incluidos los dependientes del alcohol y las drogas legales) o incluso a todos los grupos socialmente excluidos (por ejemplo, las personas sin hogar y las personas que duermen a la intemperie).

Gráfico 23

Formas principales de reintegración social para los consumidores problemáticos de drogas en la UE y Noruega

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Resulta imposible hacer una sinopsis cuantitativa de las medidas destinadas a la reintegración social adoptadas en los Estados miembros, ya que el término «reintegración social» no se emplea de forma coherente. Si bien pueden existir paralelamente distintos servicios, a nivel nacional normalmente existen «modos generales de prestación de servicios» para la integración social.

Es difícil cuantificar la disponibilidad de los servicios de reintegración social y evaluar la idoneidad de los mismos, si bien los datos indican que, probablemente, el número de instalaciones es insuficiente. Por ejemplo, Alemania calcula que necesita alrededor de 25.000 plazas de reintegración social, cuando el número de plazas disponibles se sitúa en torno a 4.000. Un proyecto de empleo realizado en Austria recibió el doble de solicitudes respecto a las plazas disponibles y tuvo que rechazar una media de 15 personas diarias.

La reintegración social puede dividirse en tres tipos principales de intervenciones: educación (que incluye formación profesional), vivienda y empleo.

Numerosos consumidores de drogas tienen un bajo nivel de educación y muchos Informes nacionales señalan que la relación entre consumidores problemáticos de drogas y mercado de trabajo es mala (Grecia (Kavounidi, 1996), Dinamarca (Stauffacher, 1998), Países Bajos (Uunk y Vrooman, 2001)). Por ello, las intervenciones destinadas a elevar las capacidades académicas, técnicas o prácticas mejorarían las oportunidades de los pacientes en el mercado laboral.

Asimismo, las medidas de empleo pueden adoptar muy diversas formas, por ejemplo, la prestación de ayudas económicas a las empresas que contraten a un consumidor de drogas para ocupar un puesto de trabajo competitivo, como se señala desde Grecia. Entre las demás medidas encontramos la creación de servicios de empleo, como la Oficina de Empleo de Viena en Austria, o ayudar a los pacientes a crear su propia empresa, como sucede en Grecia y España bajo los auspicios del programa de empleo «Promoción del autoempleo» (este tipo de intervención se solapa con la educación y la formación profesional).

Por último, facilitar viviendas o ayuda para encontrarlas permite introducir cierta estabilidad en la vida de los pacientes. La oferta de vivienda puede ser una intervención por sí misma, pero a menudo va acompañada de asistencia psicosocial y cierto grado de supervisión. Un ejemplo de atención psicosocial paralela es el centro Haus am Seespitz de Tirol, que tiene un grupo abierto de postratamiento para pacientes que se reúnen en estas viviendas. En Bélgica, «Habitations protégées» ofrece tanto alojamiento como asistencia psiquiátrica. Los estudios realizados en Irlanda (Informe nacional de Irlanda (Hickey 2002)) muestran que un 79 % de las ex presidiarias y un 76 % de los ex presidiarios manifestaron que encontrar una vivienda adecuada era su principal problema y la causa de su exclusión social, lo que indica que la vivienda es un elemento importante de la reintegración social.


(105) Para más información y sinopsis nacionales, véase el estudio «La reintegración social en la Unión Europea y Noruega».